La corrupción grande empieza por la pequeña

La corrupción grande empieza por la pequeña

Por: Marco Torres C

Se habla de izquierda y derecha, de modelos económicos, de democracia o autoritarismo. Pero hay una constante que atraviesa todos los sistemas: la corrupción.

No tiene ideología. No tiene bandera.

Se adapta, se infiltra y sobrevive.

La corrupción no distingue entre gobiernos progresistas o conservadores. Puede vestirse de discurso social o de eficiencia económica. Puede justificarse en nombre del pueblo o del mercado. Pero en esencia, siempre es lo mismo: el uso del poder para beneficio propio.

Y lo más grave es que no siempre está solo en la política. También vive en la sociedad. En el “favor”, en la trampa pequeña, en la normalización de lo incorrecto. Porque la corrupción grande muchas veces nace de la pequeña.

Podemos cambiar gobiernos, leyes o discursos.

Pero si no cambiamos la cultura, el problema solo se recicla.

En muchos países, el verdadero sistema no es la democracia ni el modelo económico de turno. Es una red informal donde el dinero, la influencia y los intereses pesan más que las reglas.

Y ahí aparece otra verdad incómoda: no basta con exigir transparencia arriba si se tolera la corrupción abajo.

Porque ningún sistema funciona si quienes lo integran no creen en él.

Al final, la corrupción no es solo un problema político.

Es un problema moral, cultural y estructural.

Y mientras no se enfrente como tal, seguiremos cambiando discursos… pero no resultados.

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