
Opinión: ¿El autoritarismo es inevitable?

Por: Marco Torres C
Se dice que, en términos generales, la democracia ha retrocedido y que el mundo ha vuelto a niveles similares a los de la década de 1970, según el informe V-Dem 2026.
Y sí, las democracias no suelen morir de un día para otro. Mueren cuando suficientes personas empiezan a pensar: «No me gusta esto, pero funciona». Ese es quizás el momento sociológico más peligroso: cuando la libertad deja de sentirse urgente porque el caos se vuelve insoportable.
Primero aparece el cansancio. Luego la indignación. Finalmente, surge la tentación de entregar más poder a cambio de orden y soluciones rápidas.
El autoritarismo no siempre llega con uniformes o golpes de Estado. Muchas veces se presenta disfrazado de promesas, aprovechando el miedo, la inseguridad y el descontento social. Y una vez instalado, cambia las reglas, debilita los contrapesos, controla o intimida a los medios, persigue a los críticos y convierte la ley en una herramienta política, haciendo del poder un fin en sí mismo.
El problema es que las señales casi siempre están ahí. El verdadero error no es no verlas, sino creer que basta con denunciarlas sin actuar.
La pregunta, entonces, no es si el autoritarismo es inevitable. La verdadera pregunta es si las sociedades serán capaces de defender sus libertades antes de terminar diciendo:
«No me gusta, pero al menos funciona».
La historia nos muestra que las libertades rara vez se pierden de golpe; generalmente se entregan poco a poco.


