Colombia reanudará la exportación de energía a Ecuador en vísperas del estiaje

El gobierno de Colombia anunció la reanudación de la exportación de energía eléctrica hacia Ecuador, tras seis meses de suspensión. La decisión fue oficializada mediante la Resolución 40306, firmada por el ministro de Minas y Energía, Edwin Palma Egea, y permitirá cubrir hasta un 10% de la demanda ecuatoriana en un momento crítico: el inicio del estiaje y la reducción de caudales hidroeléctricos.

La suspensión se había producido el 22 de enero de este año, como respuesta a los aranceles impuestos por Ecuador a las importaciones colombianas, que llegaron a alcanzar el 100% en mayo. Con la eliminación de esas medidas el 1 de junio, y tras acuerdos alcanzados en el marco de la Comunidad Andina, Colombia decidió retomar las Transacciones Internacionales de Energía (TIE).

El suministro podrá alcanzar hasta 450 megavatios, siempre condicionado a la existencia de excedentes en el sistema colombiano. El Centro Nacional de Despacho (CND) tendrá la facultad de limitar o suspender las exportaciones si se compromete la confiabilidad interna, y se exigirán planes técnicos de riesgo junto con reportes trimestrales de evaluación.

Para Ecuador, la medida representa un alivio en vísperas de la temporada de sequía, cuando los ríos disminuyen su caudal y las hidroeléctricas reducen su producción. El respaldo energético colombiano refuerza la seguridad del sistema eléctrico ecuatoriano y se convierte en un gesto de cooperación binacional frente a fenómenos como El Niño, que históricamente han afectado la generación hidroeléctrica.

El anuncio fue recibido con optimismo por el gobierno ecuatoriano, que ve en la decisión un paso hacia la normalización de las relaciones comerciales. Sin embargo, en Colombia la Asociación Nacional de Empresas Generadoras (Andeg) criticó la medida, señalando que la coyuntura refleja “malas políticas” que han frenado la inversión en el sector eléctrico.

La reanudación del intercambio eléctrico entre ambos países marca así un nuevo capítulo en la relación bilateral: un acuerdo que, aunque positivo, se sostiene sobre un equilibrio frágil entre la necesidad de cooperación regional y las tensiones internas de cada sistema energético.

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