Reivindicación de la memoria de Miguel Tul: pionero indígena del andinismo ecuatoriano

Miguel Tul en la cumbre Veintimilla, Nevado Chimborazo. Enero de 1911. Foto; N.G. Martínez

Por: David Hidalgo Ponce
Imágenes: Exploración en Los Andes Ecuatorianos, Nicolás Martínez, 1933. Biblioteca Municipio de Riobamba y Archivo A. Holgin
Edición: Gustavo Camelos Encalada

Miguel Tul ocupa un lugar fundamental, aunque poco reconocido, en la historia del andinismo ecuatoriano. Su figura, muchas veces relegada a un segundo plano en los relatos oficiales, merece ser reivindicada como la de un auténtico pionero de las grandes ascensiones en los Andes del Ecuador. Su colaboración con Nicolás Martínez Holguín y otros andinistas de inicios del siglo XX fue decisiva para abrir rutas y conquistar cumbres emblemáticas, como el Chimborazo y el Tungurahua.

Exploración en Los Andes Ecuatorianos, Nicolás Martínez, 1933. Biblioteca Municipio de Riobamba

Miguel Tul y las grandes ascensiones junto a Nicolás Martínez

Las crónicas de Nicolás Martínez, recogidas en sus libros y relatos, son testimonio directo del papel protagónico de Miguel Tul en las expediciones. Tul no solo acompañaba a los andinistas como guía o porteador; era quien abría la huella, tallando escalones en el glaciar con su piqueta para que el resto del grupo pudiera avanzar y, finalmente, alcanzar la cumbre. En palabras de Martínez, era indispensable en la superación de los obstáculos más duros de la montaña.

En la ascensión al Tungurahua, en octubre de 1910, Tul formó parte del reducido grupo que, enfrentando la nieve y el hielo, intentó coronar la cima. Aunque en ese intento la rotura de la única piqueta del grupo frustró la llegada al cráter, la labor de Tul fue fundamental para abrir camino en condiciones extremas.

 

Así lo afirma Nicolás Martínez en las memorias de sus ascensos:

“acompañado únicamente de Miguel Tul, indio de pura raza, valiente y fiel a toda prueba, a quien yo lo había ejercitado anticipadamente, para que me acompañara en esta ascensión” (Martínez, 1986: 17)

La conquista del Chimborazo: Tul, primero en la cumbre

Invitemos al podio de la elocuencia a la voz del mismo Nicolás Martínez, para que sea el mismo quien nos relate los pormenores de sus tentativas y posterior ascenso al Chimborazo

“El 20 de Abril de 1906, hice mi primera tentativa para ascender a la cumbre del Chimborazo, acompañado de Juan León Mera y de Pablo Saá Borja de Ambato; pero debido a la falta de preparativos previos, fracasamos en nuestro intento y nos vimos obligados a regresar de una altura de cerca de 6000 metros sobre el nivel del mar, por no haber podido traspasar la muralla de rocas que interrumpe el paso hacia la cumbre.

Pero, en la segunda tentativa, el éxito más completo coronó mis esfuerzos, y me cabe el orgullo de haber puesto mis plantas en la cumbre matemática del Rey de los Andes, acompañado de Miguel Tul, indio de pura raza, a quien yo había ejercitado con anticipación para esta clase de sport.

Croquis del Chimborazo, según: Wolf, Whymper y Hans Meyer. Publicado en Exploración en Los Andes Ecuatorianos, Nicolás Martínez, 1933. Biblioteca Municipio de Riobamba

A continuación, doy algunos pormenores de mi ascenso al famoso nevado.

Ya deben haber tenido ustedes conocimiento que mis compañeros de viaje fueron los estimables y simpáticos caballeros franceses, señores Paul Suzor, y Dr. Pierre Reimburg;

Además, como se trataba de ascender a una montaña de difícil acceso y muy elevada, y como quería yo asegurar, en lo

posible, el buen éxito, aconsejé a mis compañeros que traten de ejercitar sus músculos y pulmones, haciendo algunas ascensiones al Pichincha: yo, por mi parte tampoco descuidé esa precaución, y en los meses de octubre a enero, ascendí tres veces consecutivas al Tungurahua, con las cuales adquirí un magnífico entrainemaint, como dicen los franceses.

Estas ascensiones me sirvieron también para descubrir un compañero valiente y decidido a toda prueba, en el indio Miguel Tul; pues en ellas se mostró como un hombre desprovisto de nervios y de una resistencia verdaderamente maravillosa…

El 20 de enero de 1911 marca un hito en la historia del andinismo nacional: Nicolás Martínez y Miguel Tul lograron la primera ascensión ecuatoriana documentada a la cumbre del Chimborazo. Según los propios relatos de Martínez, fue Miguel Tul q uien llegó primero a la cima, abriendo los escalones en el glaciar y guiando a su compañero en los últimos tramos de la ascensión. Esta proeza fue reconocida en su momento por la prensa nacional y celebrada en Ambato, aunque la figura de Tul pronto fue eclipsada por la de los miembros de la élite urbana.

Invitemos nuevamente a Martínez:

“La pendiente hasta las rocas no es muy escarpada, pero la nieve a causa del frío intenso que hace se halla congelada, de tal manera que el Señor Suzor y yo tenemos que calzarnos los ganchos para no resbalar, pero como los otros no los traen se ven en la necesidad de subir practicando escalones con el pico”

“Y para evitar un accidente tanto más peligroso, cuanto que tenemos a nuestros pies un corte vertical de más de 150 metros que forma la muralla de rocas, nos vemos obligados a atarnos a la cuerda e inmediatamente organizamos el orden de marcha de esta manera: a la cabeza Miguel Tul que va tanteando la nieve por si hubiera alguna grieta oculta; luego sigo yo, en seguida el Sr. Suzor y detrás de él Manuel Cárdenas”

Por encima de los 6000 m, uno de los acompañantes de Martínez, el Sr. Suzor de nacionalidad francesa, decide no continuar, debido a inicios de congelación en sus pies.   Y se queda en compañía de su “paje” Manuel Cárdenas. Con la mochila, y la cuerda por si deciden emprender el descenso por su cuenta. Escuchemos en la voz de Nicolás Martínez, las peculiaridades de la antesala de la cumbre:

Y después de un fuerte apretón de manos, nos separamos y sigo trepando en compañía de Miguel Tul. No me canso de felicitarme de la idea que tuve de traer conmigo a tan valiente compañero, pues sin él, aquí fracasaba a pocos pasos de la cumbre, ya que no me hubiera sido posible ascender solo, sin exponerme a una muerte casi segura”.

Un episodio particularmente simbólico de esta expedición es el de la bandera improvisada en la cumbre, Así lo relata Martínez:

Imagen: NG Martínez

“Habíamos llevado para dejar en la cumbre, en caso de que llegáremos a ella, una bandera ecuatoriana y otra francesa, pero por un olvido lamentable, las dejamos en el saco de alpinismo, que quedó con el Señor Suzor. Así mismo llevamos un asta, para las banderas, divididas en dos pedazos, pero las dejamos en el campamento, por ser molestoso cargar con ella, y por eso me vi obligado a usar el bastón de Miguel, exponiéndole a que se mate en el descenso, sin tener en qué apoyarse.”

“Y como las banderas traídas a prevención se han quedado en el saco de alpinismo, pido a Miguel alguna prenda de sus vestidos, para dejarla allí como señal y él, con la mejor buena voluntad, me cede uno de los cuatro pantalones, que lleva puesto y lo ato al palo”.

Este gesto no solo evidencia la humildad y el pragmatismo de los expedicionarios, sino que consagra a Tul como verdadero conquistador de la cumbre.

Y Martínez continúa:

“Abandonado en mi éxtasis, me apartaba del mundo sensible para seguir soñando, y así hubiera continuado hasta despertarme tal vez en la eternidad, si Miguel, que de nada se admira, y que se halla muy tranquilo, como si estuviera en su casa, no me despertara recordándome que ya es hora de emprender el regreso”.

“Tres días después que nos hallábamos al pie norte del gran Chimborazo, merced a una mañana completamente despejada, mis dos compañeros pudieron ver con los anteojos, el pantalón de Miguel Tul en la cumbre del Chimborazo.”

En la tesis de FLACSO. Titulada: PAISAJE. LA REPRESENTACIÓN DE LOS ANDES ECUATORIANOS EN LA OBRA FOTOGRÁFICA Y PICTÓRICA DE AUGUSTO, NICOLÁS Y LUIS MARTÍNEZ HOLGUÍN (1892-1933), elaborada por:  Jaramillo Serrano Martín Felipe

Se cita el análisis que se realizó de las fotografías de la expedición de Nicolás Martínez al Chimborazo en 1911

Patricio Aguirre, antropólogo y andinista, hizo una reflexión en torno a esta fotografía sobre qué era ser andinista o montañista en la época de los hermanos Martínez en nuestra región. Para Aguirre, en la fotografía podemos observar a un ascensionista, que podría ser Suzor o Reimburg, que está acompañado por dos peones arrieros indígenas campesinos que no son andinistas; solo el extranjero es considerado andinista en la imagen y en la historia. Los otros “solo” son los guías: los que siempre van adelante en la exploración. La función del guía en esa época era ayudar a cargar y explorar el camino.

El guía, que vendría a ser un montañista porque también llega a la cumbre, no es considerado como tal en el siglo XIX, ya que en esa época al que se consideraba ascensionista era al líder de la expedición: la persona que hace el relato, los estudios o que genera el conocimiento, el que viene atrás de los guías. Aún no se miraba al ascencionismo como un deporte, sino como una actividad científica (entrevista, Quito, 5 de abril de 2021).

Aguirre señala que en el Ecuador del siglo XIX no había gente que estudiara para la guianza, como los guías alpinos, sino peones, y que ser peón tiene una fuerte connotación de segregación social, ya que pertenecían al sistema explotador de la hacienda. No eran campesinos independientes. Finalmente, el interlocutor recuerda que en los relatos de Nicolás Martínez, él sí reconoció un valor importante a su guía Miguel Tul, ya que lo consideró el verdadero conquistador nacional del Chimborazo.

Para Aguirre, partiendo de esta validación de los peones arrieros como montañistas, los primeros ecuatorianos que coronaron el Chimborazo fueron Francisco Campaña y David Beltrán, bajo las órdenes de Edward Whymper en julio de 1880, y no Martínez y Tul en 1911.

El legado de Miguel Tul y la memoria indígena en el andinismo

La historia del andinismo ecuatoriano ha tendido a privilegiar los nombres de científicos, artistas y exploradores de la élite, relegando a los indígenas a roles secundarios. Sin embargo, los relatos de Nicolás Martínez y otros contemporáneos demuestran que, sin la pericia, resistencia y conocimiento de la montaña de Miguel Tul, muchas de estas hazañas no habrían sido posibles. Tul fue pionero no solo por su participación, sino porque literalmente abrió la huella, tallando escalones en el hielo y guiando a sus compañeros hasta la cumbre.

“El 20 de enero de 1911, coronaba yo la cumbre matemática, acompañado de Miguel Tul, habiendo sido yo el tercer viajero que había triunfado en la empresa, y el cuarto ecuatoriano que pisaba la cumbre del gigante, púes el tercer lugar, después de los compañeros de Whymper  [David Beltrán y Francisco Campaña], le corresponde a Miguel Tul, por haber llegado  a la meta antes que yo ”. Este es un reconocimiento que no se dio, por ejemplo, cuando Tenzing Norway y Edmund Hillary ascendieron al Everest por primera vez. En ese caso, nunca se supo quién pisó primero la cumbre.

La fecha exacta de nacimiento y muerte de Miguel Tul no ha sido documentada con precisión en los registros consultados. Sin embargo, su actividad como guía y montañista se sitúa en las primeras dos décadas del siglo XX, especialmente entre 1910 y 1911, años en los que participó en las ascensiones más relevantes junto a Martínez.

“Miguel Tul, mi valiente compañero en la ascensión al Chimborazo, murió hace algunos años, con lo que mueren los indios regularmente, con cólico miserere”.  (Martínez N.)

El cólico miserere, también conocido como cólico del miserere o miserere mei, era un término utilizado desde el siglo XVII hasta finales del XVIII para describir un cuadro de dolor abdominal agudo, a menudo asociado con obstrucción intestinal y alta mortalidad. Se consideraba un diagnóstico de un estado grave, a veces asociado con apendicitis, y a menudo conducía a la muerte

Conclusión

Reivindicar la memoria de Miguel Tul es reconocer el aporte fundamental de los indígenas en la historia del montañismo ecuatoriano. Tul no solo fue guía, sino pionero, maestro de la montaña y verdadero conquistador de cumbres. Su legado, narrado por Nicolás Martínez y atestiguado en los relatos de la época, exige un lugar central en la memoria nacional y en la historia del andinismo del Ecuador

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