De La Barranca a la nueva ciudad de Macas

Macas – Foto: Gustavo Camelos

Compilado por: Luis Rivadeneira Játiva

En la historia colonial, «La Barranca de Macas» hace referencia al asentamiento temporal donde se refugiaron los sobrevivientes tras la destrucción de la ciudad de Sevilla de Oro (fundada en 1575, por el Capitán José Villanueva y Maldonado) en 1599. El asentamiento existió de 1600 a 1886, año de fundación de la nueva Ciudad de Macas.

“El origen: Sevilla de Oro fue un rico y floreciente asentamiento minero en la Amazonía oriental.
El ataque: En 1599, la ciudad fue destruida y arrasada durante levantamientos indígenas.
El refugio: Tras huir, los colonos se asentaron provisionalmente en un terreno elevado conocido como «La Barranca», en territorio de la etnia de los Macas.
El presente: Por temor a nuevos ataques, decidieron reubicarse posteriormente al valle del río Upano, dando origen a la actual ciudad de Macas, conocida como la «Esmeralda Oriental» y capital de la provincia de Morona Santiago”. Viajando x

Escena 1: El traslado*

*Diario de Víctor Proaño Carrión*
La Barranca, 12 de septiembre de 1886
Hoy se mueve Macas.
No hay banda, no hay discurso. Solo 7 familias con sus bultos, 12 mulas, y el miedo de dejar lo único que conocen. La Barranca lleva 286 años diciéndoles que este barro es todo lo que hay. Yo les digo que arriba hay tierra seca.
La crecida de agosto se llevó dos casas. Eso ayudó más que mis discursos de dos años. Cuando el agua te quita el piso, empiezas a creer en las lomas.

Subimos alba. La subida a Quílamo es de 4 horas a machete. Nadie se queja. Los niños van adelante, como si supieran que van a estrenar algo. Atrás viene María, con la imagen de la Virgen de la Nube envuelta en un poncho. No la suelta desde 1861.
A medio camino me detiene Juan, el más viejo. “Apach, si nos equivocamos, ¿quién responde?”

“Yo”, le digo. “Si esto falla, me quedo aquí con ustedes. No vuelvo a Riobamba”.
Llegamos a las 2 de la tarde. Quílamo está despejado, venteado, con vista al Upano. No hay río que te toque. Clavo la primera estaca donde va a ir la plaza. Mido 100 varas a cada lado. Trazamos calles con piola y cal.
En la noche no dormimos. Hicimos fuego, compartimos mote y carne seca. Nadie habló de La Barranca. Hablaban de dónde poner la escuela, el cabildo, el potrero.

Por primera vez en 25 años los vi planificar más allá de mañana.

Mañana empiezo a tumbar monte para la iglesia. Si esto sale, no habrá sido por mí. Habrá sido porque ellos decidieron dejar de tener miedo.

*Escena 2: La fundación*

*Acta no escrita de Macas*
Plaza de Quílamo, 3 de octubre de 1886
No hay notario, no hay acta firmada. Solo hay 47 personas paradas en círculo y un general sin ejército.

“Hoy Macas deja de vivir en el barro”, digo. Mi voz se quiebra. No por emoción. Por cansancio.

Levanto una cruz de chonta en el centro de la plaza. Es la misma cruz que traje de La Barranca. Está quemada por el sol y rajada por dos crecientes. Si aguanta aquí, aguantamos nosotros.

Nombré alcalde a Juan. Nombré cabildo a los jefes de familia. Les di un libro de actas en blanco y un lápiz que me costó un mes de sueldo. “Esto vale más que el fusil”, les digo. “Con esto dejan constancia de que existieron”.

Los shuar vinieron a mirar desde el borde del monte. No bajaron. No era su fiesta. Pero Nantu estaba ahí, atrás, con los brazos cruzados. Cuando terminé, levantó la mano en señal. No sé si era despedida o bendición. Me quedo con las dos.
Esta noche duermen en sus primeras casas de teja y madera. No son palacios. Pero no se inundan.

Macas ya no es un caserío de paso. Tiene traza, tiene autoridad, tiene proyecto de camino.

Yo no sé si viviré para ver el ferrocarril al Morona. Pero si mis nietos lo ven, sabrán que empezó aquí, en esta plaza de tierra pisada, con 47 ilusos que creyeron que se podía más.

*Escena 3: El epílogo*

*Carta sin enviar a Moyobamba*
Riobamba, 1895
María:
Si esta carta te llega, ya no estaré para explicarla.

Fundé Macas para que nadie más viviera 286 años en una barranca. Lo logré. Hoy es ciudad. Tiene escuela, cabildo, camino a Riobamba. La gente ya no habla de 1599 con miedo. Habla de siembra, de comercio, de futuro.

No vi el ferrocarril. Ecuador tampoco lo vio. Pero la ruta del Morona sigue abierta. Los barcos siguen bajando a Iquitos. Un día, alguien retomará lo que yo dejé en papel.

No te pedí que vinieras a Macas. Sé que el frío de la Sierra te mataba. Pero tú entendiste que mi matrimonio con esa ciudad era antes que el nuestro. Me perdonaste. Eso no se paga.

Si vas algún día, no busques La Barranca. No queda nada. Busca la plaza de Quílamo. Ahí está la cruz de chonta. Está vieja, pero sigue en pie.

Dile a mis hijos que su padre no fue héroe. Fue un hombre terco que se negó a aceptar que el Oriente fuera olvido.

Y si te preguntan por mí, diles que morí intentando que Ecuador mirara al Amazonas.

Que no me recuerden con estatuas. Que me recuerden con caminos.
Tuyo,
Víctor

Macas, 15 de septiembre de 1886
“Hoy llegué a La Barranca.
Bajé por el camino de Riobamba después de 12 días de viaje. Lo que encontré no es una ciudad. Es lo que queda de una ciudad.

Treinta y tantas casa de paja y breque, pegadas a la orilla del Upano. La Iglesia de la Purísima se sostiene por milagro. El río se ha llevado parte de la barranca este invierno, y con ella dos huertas y una casa. Los vecinos no se asombran. Ya están acostumbrados.

Me recibieron los jefes de familia. No hay cabildo, no hay autoridad que no sea la del cura. Me dieron sus nombres para que los apunte: Aguayo, Carvajal, Jaramillo, Noguera, Rivadeneira, Velín, Zabala. Siete familias. Me dicen que son los mismos apellidos de los que bajaron de Nuestra Señora del Rosario y Sevilla de Oro cuando las destruyeron en 1599. Doscientos sesenta años viviendo aquí, y nunca han pasado de esto.

Pregunté por actas, por archivos, por algo escrito. Nada. La historia de La Barranca no está en papeles. Está en la memoria de los viejos y en las marcas que deja el río cada año.

Un hombre me dijo: “Aquí vivimos de lo que sembramos, de la caza y de la pesca. Cuando el río crece, nos vamos mas arriba. Cuando baja, volvemos” No hay comercio, no hay camino decente. De Riobamba traen sal y pólvora cada seis meses, si el tiempo lo permite.

Conté las almas. No llegan a 200. Niños, mujeres, ancianos. Gente que no se fue porque no tenía a donde ir.
Me acosté con el ruido del Upano. Toda la noche sentí que el agua se comía la tierra bajo las casas.
Mañana salgo a recorrer el Quílamo. Me han dicho que hay una altiplanicie arriba, lejos del río. Si es verdad, aquí no puede quedar Macas.

No es justo que los descendientes de los que fundaron Sevilla de Oro sigan viviendo como fugitivos en su propia tierra”. (IA)

Gral. Víctor Proaño Carrión

“Encontré a Macas reducida a un caserío de 32 casas de paja en la orilla del Upano, llamado La Barranca, expuesto a ser arrastrado por las crecientes. Recorrí el terreno de Quílamo y hallé una altiplanicie de 2000 varas cuadradas, sana, elevada y defendida de las inundaciones. Propuse a los vecinos el traslado, y aceptaron. El 15 de septiembre de 1886 se inició la mudanza. Así quedó fundada la nueva ciudad de Macas en su actual sitio”. (1).

(1) MACAS: HISTORIA Y TRADICIÓN, p. 87-89. Telmo Carrera Ampudia.

COMENTARIO:
MACAS Y GENERAL PROAÑO: RAÍZ Y FUNDACIÓN

“Macas toma su nombre de la Tierra de Macas, denominación ancestral que usaban los pueblos originarios de la zona.
La Parroquia General Proaño conserva el sitio donde nació la Macas actual, cerca de la loma del Quílamo. El General Proaño dirigió en 1886 el traslado que dio origen a la ciudad moderna, como consta en su Diario.
Así, Macas guarda el nombre de la Tierra; General Proaño, guarda la memoria de su fundador. Raíz y acto fundacional unidos en un mismo lugar”.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

1. Carrera Ampudia, Telmo, Macas: Historia y tradición, p. 87-89.
2. IA META
3. Rivadeneira Játiva, Luis, Diario del General Víctor Proaño, Artículo Mundial Medios, 2026.
3. Viajando X

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