Concejo de Quito prohíbe el uso de pirotecnia ruidosa.

El Concejo Metropolitano de Quito aprobó el 26 de mayo de 2026 una ordenanza que prohíbe la fabricación, comercialización y uso de pirotecnia de alto impacto sonoro en todo el Distrito Metropolitano. La decisión, respaldada por 17 concejales y con un solo voto en contra, constituye un hito en la protección de la salud pública, el bienestar animal y el ambiente urbano.

La normativa establece que artefactos como tumbacasas, petardos, morteros, camaretas, misileras, bombas de estruendo y cohetes con carga sonora quedan prohibidos, debido a los niveles extremos de ruido que generan, alcanzando hasta 160 decibeles, cifra comparable a una explosión de TNT. La Organización Mundial de la Salud advierte que sonidos superiores a 140 decibeles provocan daños irreversibles en la audición.

El impacto de estas detonaciones no se limita a la pérdida auditiva. Niños, adultos mayores y personas con trastorno del espectro autista sufren crisis sensoriales, ansiedad y estrés agudo. En el ámbito animal, perros y gatos perciben el ruido hasta tres veces más fuerte que los humanos, lo que ocasiona taquicardia, ataques de pánico y fugas que ponen en riesgo su vida.

La ordenanza contempla sanciones económicas que van de tres a cinco salarios básicos unificados para quienes incumplan la prohibición, incluyendo el uso en espacios públicos, la venta a menores de edad y el almacenamiento ilegal. El control estará a cargo de la Agencia Metropolitana de Control y el Cuerpo de Bomberos.

En contraste, se permite la pirotecnia de bajo impacto sonoro, centrada en efectos visuales y lumínicos, como la pirotecnia fría, los castillos y las vacas locas sin explosiones violentas. Además, se promueven alternativas sostenibles como espectáculos con drones, luces LED y videomapping, que ofrecen celebraciones seguras y creativas sin sacrificar la paz de la comunidad.

La decisión del Concejo Metropolitano de Quito trasciende lo normativo: es un acto humano y civilizatorio que coloca la vida y la salud por encima de prácticas nocivas. Representa un cambio cultural hacia celebraciones más respetuosas, donde la alegría se expresa en luz y color, no en estruendo y violencia sonora. Quito se convierte así en referente nacional, demostrando que el progreso se mide también en la capacidad de proteger a los más vulnerables y de construir una convivencia armónica entre personas, animales y entorno.

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