5 de noviembre: Día Internacional contra la Violencia y el Acoso Escolar incluido el ciberacoso

Día Internacional contra la Violencia y el Acoso Escolar incluido el ciberacoso un llamado a combatir la violencia y el acoso escolar, incluido el ciberacoso
La prevención del acoso escolar requiere el compromiso de las familias, las instituciones educativas y la sociedad. La violencia entre estudiantes no debe normalizarse ni considerarse una simple broma.
Cada 5 de noviembre se conmemora el Día Internacional contra la Violencia y el Acoso Escolar, incluido el Ciberacoso, una fecha promovida por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) para generar conciencia sobre una problemática que afecta a millones de niños, niñas y adolescentes en todo el mundo.
Esta jornada busca visibilizar las consecuencias de la violencia en los entornos educativos y promover espacios seguros, inclusivos y respetuosos, donde los estudiantes puedan desarrollarse integralmente, sin temor a sufrir agresiones, intimidaciones o discriminación.
Para 2026, la conmemoración plantea como lema «Cada estudiante seguro y en bienestar: del compromiso a la práctica», que destaca la importancia de transformar los compromisos institucionales en acciones concretas de prevención, protección, inclusión y acompañamiento emocional.
¿Qué se entiende por acoso escolar?
El acoso escolar, también conocido como bullying, es una forma de violencia que se manifiesta mediante comportamientos intencionales y reiterados de intimidación, hostigamiento, humillación o agresión hacia otro estudiante, generalmente en una situación de desequilibrio de poder.
Puede presentarse de diferentes maneras:
- Acoso físico: golpes, empujones, patadas, destrucción o sustracción de pertenencias.
- Acoso verbal: insultos, amenazas, apodos ofensivos, burlas y comentarios humillantes.
- Acoso psicológico: intimidación, manipulación, amenazas y acciones destinadas a generar miedo o inseguridad.
- Acoso social: exclusión deliberada, aislamiento, difusión de rumores y rechazo colectivo.
Estas conductas pueden afectar profundamente la autoestima, la estabilidad emocional, las relaciones sociales y el rendimiento académico de quienes las padecen. En algunos casos, las consecuencias pueden prolongarse más allá de la etapa escolar.
Es importante diferenciar el acoso de los desacuerdos o conflictos ocasionales entre estudiantes. Aunque estos últimos también requieren atención, el acoso se caracteriza por la reiteración de las agresiones y el desequilibrio de poder entre las personas involucradas.
Acoso escolar y ciberacoso:
Con el crecimiento del acceso a internet, las redes sociales y las plataformas digitales, la violencia entre estudiantes ha encontrado nuevos espacios para manifestarse.
El ciberacoso consiste en utilizar medios tecnológicos, como redes sociales, aplicaciones de mensajería, videojuegos en línea y otras plataformas digitales, para intimidar, amenazar, humillar, perseguir o perjudicar a otra persona.
Entre sus manifestaciones más frecuentes están la difusión de fotografías o videos sin consentimiento, la publicación de comentarios ofensivos, la creación de perfiles falsos, la divulgación de rumores y el envío reiterado de mensajes intimidatorios.
A diferencia del acoso tradicional, el ciberacoso puede continuar fuera del horario escolar y alcanzar una audiencia mucho más amplia. Además, los contenidos pueden permanecer disponibles en internet y multiplicarse mediante su reproducción y difusión.
Ambas formas de violencia están relacionadas y pueden presentarse simultáneamente. Por ello, la prevención debe contemplar tanto los espacios físicos de convivencia como los entornos digitales.
¿Qué podemos hacer?
La prevención comienza con la educación en valores, el fortalecimiento de la autoestima y la construcción de relaciones basadas en el respeto y la empatía. Sin embargo, también requiere que los adultos estén atentos a las señales de alerta y actúen oportunamente.
Entre las principales estrategias se encuentran:
1. Mantener una comunicación abierta: generar confianza para que niños y adolescentes puedan expresar sus preocupaciones, contar sus experiencias y pedir ayuda sin temor a ser juzgados.
2. Reconocer las señales de alerta: prestar atención a cambios repentinos de comportamiento, aislamiento, temor a asistir a clases, dificultades para dormir, pérdida de pertenencias o disminución del rendimiento académico.
3. Promover el respeto y la empatía: enseñar a reconocer las emociones de los demás, respetar las diferencias y comprender que las burlas, amenazas y humillaciones no son formas aceptables de relacionarse.
4. Educar para un uso responsable de internet: fomentar la ciudadanía digital, proteger la información personal, evitar compartir contenidos ofensivos y denunciar situaciones de hostigamiento en redes sociales.
5. Escuchar y acompañar a las víctimas: tomar en serio sus testimonios, evitar culpabilizarlas y garantizar que reciban protección y atención emocional.
6. Actuar frente a los casos de violencia: informar a las autoridades educativas y activar los protocolos correspondientes. En situaciones de ciberacoso, es importante conservar las evidencias sin difundir nuevamente los contenidos que puedan perjudicar a la víctima.
La lucha contra la violencia y el acoso escolar es tarea de todos
Erradicar el acoso escolar no es responsabilidad exclusiva de los docentes o de las autoridades educativas. Es un compromiso compartido que involucra a las familias, estudiantes, instituciones, organismos de protección de derechos y a toda la sociedad.
Las familias cumplen un papel fundamental al educar desde el hogar, fortalecer la confianza y enseñar que ninguna forma de violencia debe ser aceptada. Las instituciones educativas, por su parte, deben garantizar ambientes seguros, establecer mecanismos de prevención y denuncia, identificar oportunamente las situaciones de riesgo y brindar acompañamiento a los estudiantes involucrados.
También es importante que los propios estudiantes comprendan que permanecer indiferentes ante una situación de acoso puede contribuir a que esta continúe. No participar en las agresiones, apoyar a quien las sufre y comunicar los hechos a un adulto de confianza son acciones que pueden marcar una diferencia.
La violencia escolar no debe justificarse como parte del crecimiento, una broma entre compañeros o una situación que los niños deben resolver por sí solos. Detrás de cada agresión puede existir un profundo impacto emocional que requiere atención y respuestas oportunas.
Este 5 de noviembre constituye una oportunidad para reflexionar sobre la convivencia en los espacios educativos y recordar que el derecho a aprender también implica hacerlo en un ambiente de respeto, seguridad y bienestar.
Construir escuelas libres de violencia comienza con una sociedad que no guarda silencio ante el acoso, que escucha a sus niños y jóvenes y que convierte el respeto, la empatía y la solidaridad en prácticas cotidianas.


