Historia de la Virgen de las Nieves, Protectora de San Gabriel e Israel Castro

Por: Dr. Luis Rivadeneira Játiva,
Presidente del Ateneo de Quito
Miembro Honorario del Ateneo de Chimborazo
Académico Correspondiente de la Academia Nacional de Historia
PROCERATO DEL TRABAJO
San Gabriel, ciudad heroína, dueña y señora en el Procerato del Trabajo
Es una de las pocas que en la sierra ecuatoriana conserva el mensaje español de sus fachadas, sus calles, la gracia estrictamente femenina de sus hijas y el músculo en tensión de sus varones; la plástica y la música se reflejan en residencias y pequeños hoteles, permiten al turista compartir el ancestro especialísimo del montufareño y salir desde allí a la laguna del Salado y los bosques de Arrayán.
VIRGEN DE LAS NIEVES – SAN GABRIEL
La historia relata que la imagen de la Virgen de las Nieves llegó desde España a Ecuador y los religiosos Mercedarios la trasladaron a Tuza Bajo, actual Canchaguano, en 1535, donde construyeron una de capilla y se ubicó su primera imagen.
No obstante, un incendio terminó con todo y la segunda imagen de la Virgen de las Nieves, procedente de Quito retornó a Canchaguano en 1675. En aquel entonces los habitantes de Tuza Alto (San Gabriel) convencieron a los indígenas ingenuos de que a la “madrecita del cielo” no le gustaba estar en Tuza Bajo y lograron edificar el primer templo en San Gabriel donde hoy es la Iglesia Matriz.
REMINISCENCIAS SOBRE ISRAEL CASTRO
Fue en Riobamba, en la Hostería “El Troje”, el 14 de agosto del 2009, en la reunión de las Cooperativas de Ahorro y Crédito controladas por la Superintendencia de Bancos y Seguros, que mi amigo Oswaldo me recordó sobre el personaje de la Ciudad de San Gabriel, en homenaje de quien se fundó la Revista Cultural La Borrega Negra.
Al conversar de la comida tradicional, me referí a las papas asadas, a las tortillas de maíz y a la sopa de arroz de cebada, tacada por Israel Castro, nuestro personaje humilde, pobre, como el que más, porque vivió en las calles de San Gabriel, a la luz de luna, trabajando de sol a sol, para todos, sin pedir nada a cambio, solo por la comida que le permitía la subsistencia, porque de lo demás se encargaba él, ya que era el dueño de las plazas, parques, bosques y ríos, pero, ante todo, dueño del patrimonio intangible, ya que conocía todos los hogares y cosas por su trabajo y, desde luego, sabía sobre las virtudes y los defectos de las personas. Realmente, le dije a mi amigo Oswaldo: él es un personaje; me dijo, con la sencillez que es su característica: “Israel, debería tener un monumento en San Gabriel, por todo su trabajo”. Por qué no, le dije, si se hace el monumento sería el primero en el país en homenaje a una persona pobre que, posiblemente fue un ángel, porque se entendía con los niños, a más de tener su devoción por la Virgen de las Nieves, a quien entregó todo lo que recibía en dinero”. Le manifesté, la idea de un “monumento al trabajo”. Israel Castro aparecería tacando la cebada, su faena diaria que dignifica al trabajo, ejemplo para la juventud.
Nos comprometimos, a conversar con el Señor Alcalde, para que tome la iniciativa del monumento e investigar sobre la vida de Israel Castro ya que, de pronto, pudo haber caído del cielo y debería estar junto al Arcángel Gabriel y quedamos en hacer una investigación a través de preguntas y respuestas, para escribir, en forma conjunta la vida de un hombre humilde y sencillo, que ha quedado en la memoria colectiva de la gente.
Hay muchas preguntas por hacer sobre nuestro personaje, sobre el cual lo más valioso es escribir su historia, recogiendo la misma en los caminos polvorientos por los que él transitó. Qué bueno sería saber sobre su niñez y juventud, porque se cuenta que abandonó su hogar para adquirir el oficio de tacador de cebada que le gustaba y lo hacía de la mejor manera. Yo le pedí a Oswaldo que investigue sobre donde nació Israel Castro, sobre sus padres y familia, testimonios sobre el de sus vecinos, sobre su niñez y juventud, hasta llegar al abandono del hogar, que conformarían el primer capítulo de esta hermosa narración, ya que nadie ha escrito en el mundo sobre la historia de ángeles. Este capítulo llevará el título de: Testimonio terrenal de la niñez y juventud de Israel Castro. Deseamos que sea publicado por la Revista La Borrega Negra, hasta llegar al último capítulo: Los funerales de Israel Castro.
Para rendir homenaje al más humilde de los hijos de San Gabriel, tocaría pedir la ayuda de todos quienes disfrutaron de su amistad y trabajo, especialmente a los niños, con quienes conversó mucho ya que no pensaba morirse, quienes hoy ya son adultos y podrían colaborar, al igual que en las mingas, para reunir el dinero para el más interesante texto de la historia de los ángeles que han estado con nosotros cumpliendo una misión y lo han hecho de la mejor forma. Me comprometí a escribir esta hermosa historia.


